Sin tiempo que perder y con mucho del mismo ganado durante doce años de carrera, se presentó Javier Casas, en representación de Inlogic, para hablarnos del último trabajo de la banda. Un disco de diez, al menos en número de temas, con el que por fin se estrenan en castellano. Temas que beben sin prejuicios del folklore español más puro y de los primeros grupos de pop rock de los sesenta. Una decena de canciones que recuperan el pasado más lejano mientras reflexionan sobre el presente y contemplan con serenidad el futuro. Y todo esto, siempre “A través del tiempo”.

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Para Wikipedia aun no existís ¿cómo os gustaría que definiera a la banda en un futuro?
Una banda que lleva una trayectoria y que ha cambiado el estilo de su música por intentar mejorar como músicos y explorar otros conceptos de la música. Una banda que lo ha trabajado, para bien o para mal, solo, que ha sido independiente a través de propios sellos o autoeditándose, y siempre con la visión de que cada disco era una nueva experiencia y una nueva forma de entender la música a través de nuestras vivencias.

Quinto trabajo y por fin en castellano. ¿Por qué habéis tardado tanto en dar este paso?
Nunca nos habíamos planteado porqué en inglés ni porqué en castellano. Escuchábamos siempre más música en inglés, sobre todo Óscar. Entonces cuando hacíamos una música más punk rock, que se acercaba a cosas más metal, no concebíamos el castellano y las melodías no nos entraban. Una vez que vas creciendo nos hemos ido aproximando a una línea más acústica y folk, en las que el mensaje que estás transmitiendo en las letras lo interiorizas más y tienes que expresarlo de otra manera. Después, era sobre todo un reto hacer un disco nuevo. Teníamos compuesto otro en inglés, pero eres sincero contigo mismo y dices: “¿hacemos lo mismo o cambiamos?”. Creo que el cambio te exige a nivel humano quitarte muchas capas de encima y caminar el camino lógico en este momento.

Teníamos compuesto otro disco en inglés, pero eres sincero contigo mismo y dices: «¿hacemos lo mismo o cambiamos?»

Ahora en vuestro paso al castellano recordáis más que nunca a otros como Standstill o Egon Soda ¿no?
Yo creo que sí, porque esa gente ha mamado de lo que hemos mamado todos: del folklore español de verdad, de donde viene la canción española que pasa de la copla y que llegó por influencia británica, de grupos como Los Brincos o Pekenikes y que empezaron a hacer otros estilos. Yo veo muchas cosas que me recuerdan a esa época, y en ellos si veo el sonido y cómo encaja todo similar a lo que hacemos nosotros.

Hay bandas y crítica que opina que todo comienzo en inglés es una cuestión de “molar”, ¿compartís esta opinión?
No, no creo que se haga por molar más. Si yo fuera bilingüe fliparía aún más de lo que flipo con Bob Dylan y me da pena no ser bilingüe por eso. En nuestro caso, Óscar cantaba en inglés y nadie pensó en que idioma cantaríamos. Si él hubiera tirado en castellano y nos hubiera gustado, lo habríamos hecho así. Pero salió en inglés, que incluso para él era más complicado porque buscaba todo el rato una transmisión de ideas que le era más compleja traducir.

Queríais asumir todas las responsabilidades con toda la producción en vuestras manos, ¿os ha dado demasiados quebraderos de cabeza tanta carga de responsabilidad?
No ha dado quebraderos porque se ha hecho con las personas que lo queríamos hacer. Éramos nosotros cuatro más el técnico de directo, y él estaba también perdido en esto. Al principio te acojona e incluso dudas sobre si estás haciendo lo correcto. Después piensas que otras veces tampoco ha sido fácil el camino en el estudio porque tienes una o varias personas a las que tu proyecto no les llega o no tienen tanta energía para dedicarle. Nosotros nunca habíamos utilizado el estudio como un tío que le da al REC, sino un tío que nos aportara una visión desde fuera. En este momento no teníamos claro ni dónde ir, y pensamos alquilar equipo e ir a una casa, probar voces y ver que calidad podíamos conseguir. ¡Una locura!, pero al final hemos hecho algo honesto.

Además os animasteis a no compartir esta responsabilidad para no poder poner excusas en un futuro. A pesar de ello ¿qué autocrítica hacéis de este trabajo?
Siempre nos reímos y comentamos que tendríamos que haber grabado el disco después de grabarlo otra vez. Hay una cosa en los grupos: tú estás girando un año y las canciones las volverías a grabar de puta madre porque las ruedas en directo, y sabes cómo funcionan. Cuando acabas un disco y solo lo has visto desde el lado del estudio se te quedan mil cosas. Yo estuve dos meses que no quería escucharlo para nada, estás saturado y te suena todo a mierda. Después te das cuenta y dices: “¡joder, no está mal!”. Hay que ser exigente, pero tampoco obsesionarte porque habrá más discos y más producciones. Todo es un aprendizaje.

Llama la atención y a la par se agradece que no sigáis en la tendencia de estos últimos años de rellenar las canciones con sintes, bases electrónicas y reducción de guitarras. ¿Es porque no os veis cómodos en esa tesitura, o en algún momento si os habéis planteado lanzar un disco en estas condiciones?
Comparto contigo que hay muchas bandas que están procesando mucho los sonidos, pero ha pasado ya en otras épocas y al final se vuelve a los sonidos naturales. No te digo que los sintetizadores no sean naturales, pero a mí las producciones de algunos grupos actuales me suenan muy procesado todo. Nosotros contábamos con Víctor Cabezuelo, que si trabaja eso en su banda, pero en nuestras canciones no entraba eso, entraban sonidos más puros. La visión que teníamos del disco era lo más puro posible.

«Estuve dos meses que no quería escuchar el disco, estás saturado y te suena todo a mierda»

Con el paso del tiempo parece que habéis suavizado el rock de vuestros comienzos convirtiéndolo en mucho más acústico, característica que comparten la mayoría de las bandas conforme van madurando. ¿Lo sentís así?
En nuestro caso se debe a que la energía la transmites y canalizas de otra manera. De joven tienes una energía brutal, incluso descoordinada, y quieres sonar a lo bestia. Después cuando vas creciendo te suceden cosas que no esperabas nunca, como que te gusta Johnny Cash… Esa evolución no sé si es madurez, pero si paso del tiempo.

Para muchos el disco perfecto está formado por diez cortes. Este es vuestro primero con esa cantidad, ¿es por tanto vuestro disco más redondo?
Para mí es un disco al que le tengo especial cariño por el contexto y el concepto que se creó de ver a una banda a través del tiempo. Una banda de cuatro personas que llevamos doce años haciéndolo por amistad y por amor a la música. Este disco es muy completo en muchas cosas y hemos intentado que eso le llegue a la gente. Para nosotros sí puede ser el más redondo, pero no sé si por el número de canciones. Teníamos 17 y creíamos bueno dejar diez. Queríamos hacer un disco de fácil escucha y que entrara más o menos, porque a la gente escuchar muchas canciones le agota.

No solo el título, sino que muchas canciones hacen referencia al tiempo, ¿fue algo buscado para lograr un nexo de unión con el que crear un disco conceptual?
No, hemos sido bastante malos siempre en intentar hacer cosas conceptuales. Siempre hemos querido hacer discos que tuvieran pasajes de uniones y al final hemos dicho: “nosotros no sabemos hacer eso, no se nos da bien”. Aun así, si hemos conseguido que dentro de cada disco haya una historia levitando por ahí. Lo hemos logrado sin hacer como otros grupos que lo hacen genial enlazando música, pasajes o trayectos que sintonizan desde otro punto de vista el disco. Nosotros somos canción tras canción, y solo sabemos hacer canciones muy estándar en ese sentido.

«Las producciones de algunos grupos actuales me suena todo muy procesado»

Más de diez años de carrera quizás son demasiados para tan escaso reconocimiento no?
No somos un grupo que se queje de lo que ha tenido porque viendo compañeros nuestros, que creíamos que hacían una música especial, vemos que hemos tenido la fortuna de obtener mucho más reconocimiento que ellos. No es “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero creo que cada uno tiene lo que se merece, aunque no lo que se haya luchado. Lo importante de la música no es pensar que te mereces más, de eso no va la música.

Con este crecimiento tan paulatino en algún momento habréis pensado tirar la toalla como banda ¿no?
Un grupo te exige muchas cosas a parte de lo que se ve desde fuera como tocar, viajar o pasárselo de puta madre. Exige aprender a comunicarte con otras personas, saber conciliar, empatizar, ver cómo está uno en un momento dado… No es lo mismo ponerte a tocar hace diez años que ahora. Antes era mucho más eufórico y sencillo todo, y ahora es más complejo porque has tocado mucho y no es nada nuevo. Pero sí encuentras la pasión en un tema que te sale, o en algo que te llega y te inspira. Nunca hemos planteado directamente un cierre, pero cuando suceda se verá como algo lógico dentro de la banda. Aquí hemos dejado lo que hemos podido como banda y como personas y después a seguir el camino, que no acaba aquí.

El marketing de las bandas ha dado un giro radical, de pegar carteles en los muros de las ciudades, a copiarlos en los muros de las redes sociales. ¿Qué importancia le dais a las redes y a esta nueva forma de publicitaros?
No hemos sido muy buenos en las redes sociales. Con todo el respeto, a mí me provoca un poco de ansiedad en muchos momentos. Es una falta de estar en el presente, en lo que estoy haciendo. Coger el móvil continuamente para ver que han publicado o un me gusta o un retuit, a mí me crea una sensación de que estoy perdiéndome cosas de mi vida real, como si fuera una vida digital. Además, tampoco somos tan creativos para poner continuamente cosas que no importan a nadie. Si de mantener un like va el juego, tampoco me interesa mucho. Antes la historia no era así, dabas una vuelta por el centro, veías los carteles e ibas a ver los conciertos. Ahora es una parte más del juego, tampoco pasa nada. Imagino que todo esto cambiará y dentro de diez años habrá otra historia.

Inlogic

¿Aparte de las salas, pisaréis algún escenario festivalero este verano?
Eso esperamos, estamos ahí intentando dar por saco un poco a ver si nos invitan. Creo que a los festivales les falta muchas veces cambiar el registro. Me encantaría ver un grupo muy distinto a otro. El otro día escuchaba un festival de Monterrey del 69, y después de Jimi Hendrix tocaba The Mamas & The Papas, eso dice mucho. Ahora es como una línea más independiente y popera. ¿Por qué no hacer un contexto más diferente? Tendría cabida mucho más público. Pero bueno, hay festivales que si me parece que tienen un cartel que está muy bien y no va casi nadie.

¿No os resultan cansinos los carteles de los festivales con los mismos nombres? ¿Creéis que se debería apostar más por otras bandas más pequeñas y escapar de la repetitividad?
Yo creo que sí. Esto es como todo, los promotores de festivales se tienen que asegurar unos tickets vendidos y obviamente cogen las dos/tres bandas que las van a vender. Esa es la pena, pero dentro de ahí puedes hacer un concepto de que cada uno sea diferente. Un tío que monta un festival tiene que buscar que sea rentable, pero puedes luchar un poco más y cambiar el concepto y no repetir la fórmula mágica que siempre funciona. Al final siempre tienes los tres artistas españoles, que ya sabéis cual son y con todo el respeto a ellos, pero joder, ¿cuantas bandas no estaremos escuchando que pueden pasar? Una vez me pasó que salí de un concierto de El Columpio Asesino, que obviamente yo me fui porque era imposible aguantar eso, y fui a ver a los chicos de The Parrots, que éramos como cien personas y me pareció un conciertazo lo que se dieron los cabrones. Estas cosas te las pierdes todos los días, desde las salas de Madrid a todos los festivales, y terminas perdiéndote mucha música que mola un huevo.

La banda formada por Óscar Arroyo, Javier Casas, Alejandro Ovejero y Adrián Vilela estarán el próximo 4 de marzo en la sala Galileo Galilei de Madrid presentando este álbum. Entradas aquí.

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