Palencia. Supongo que sabréis que es una ciudad pequeña y, en consonancia, todo lo es, a excepción de nuestro románico y nuestro Cristo del Otero que habríais de visitar (advertencia, este no es un post patrocinado por la Oficina de Turismo de Palencia), por consiguiente las salas de conciertos de esta ciudad castellanoleonesa, o la única sala de conciertos reconocida popularmente como tal, lo es. Resulta innecesario hablar de lo bueno-malo de eso, por un lado puedes seguir viendo a día de hoy bandas como Depedro, Rufus T. Firefly, Los Coronas o Varry Brava en un lugar con un aforo de no más de 150 personas, PERO como la fiebre de los conciertos también ha llegado hasta aquí es previsible que tu espacio vital se vea reducido a nada por los frecuentes sold outs que se marca esta sala, el Universonoro, en la Calle San Juan de Dios número 3, caracterizada por inspirar su decoración en el famoso libro de Antoine de Saint-Euxpéry, El Principito.

Dejando trivialidades y asuntos que no vienen al caso de lado, uno de los habituales de esta sala es Ángel Stanich, que suele dejarse caer por estas fechas, como si de Papá Noel o los Reyes Magos se tratase, año sí y año también, y nosotros encantados. Y así sucedió el pasado 27 de diciembre, con todo vendido desde hace semanas vino a presentarnos el que, como ya sabéis, es su último disco de larga duración, Antigua y Barbuda. Dejar constancia antes de nada de cómo mis paisanos palentinos fueron con los deberes hechos y en vez de parecer que estábamos ante un disco que ha salido a la luz hace escasos meses parecía que ya llevaba media vida de recorrido, algo muy sorprendente para una persona que aunque escuche una canción una o mil veces sigue inventándose las letras.

Pues bien, comenzamos. Una de las cosas más sorprendentes del Universonoro es que para ir desde el camerino (o desde el almacén de 4×2 que hace las veces de camerino) hasta el escenario tienes que atravesar todo el público, TODO, algo que aún no sé si calificar de extremadamente mundano o de estrellas caídas del olimpo del Rock. Pues bien, ahí estaban, Lete G. Moreno, Víctor Pescador, Jave Ryjlen, Alex Izquierdo y Ángel Stanich abriéndose camino para llegar hasta el escenario, desde el que despegaron suavemente con “Cosecha”, tema que cierra Antigua y Barbuda y que sirvió para ir creando ambiente entre el público, que después explotó con “Escupe Fuego”, la siguiente del repertorio de aquella noche y, como escuché en su día comentar a Chema Rey “la canción que le hubiese gustado componer a Jota de Los Planetas”.

Nota mental: no sé si la altura del escenario es menor, pero la distancia entre Víctor L. Pescador y el techo parece mayor que en anteriores ocasiones.

“Más se perdió en Cuba”, “Un día épico”, “Mañana”, tema contenido en su último EP, Siboney, “Galicia Calidade”… uno a uno se fueron sucediendo temas contenidos en sus últimos trabajos hasta que comenzaron a sonar los acordes de “Camino Ácido”, uno de los clásicos del cántabro, tras el que pidió silencio para poder comenzar con Río Lobos y así proseguir nuevamente con la presentación de las nuevas criaturas, “Hula Hula”, “Casa Dios”, “Le Tour ’95”, hueco para “Mezcalito” y “Señor Tosco” para concluir la primera parte del concierto, tras la que se retiraron brevemente a camerinos para concluir el concierto con “Carbura”, “Mojo”, “Metralleta Joe” (el día que la omita en sus conciertos los fans dudo que se lo perdonen) y “Mátame Camión”, con la que acabó el concierto mientras Ángel se enfundaba la bandera de Antigua y Barbuda y descendía hasta el público.

Ha sido rápida y breve la referencia a los temas y al transcurrir del concierto en sí, la ejecución de los temas supongo que sería correcta, eso se lo dejo a los entendidos musicales a niveles teóricos y prácticos, no tuvo lugar ningún incidente: nada de ingestas masivas de alcohol previas al concierto que hiciesen tambalearse a algún músico, ni caídas desintencionadas, ni espontáneos en el escenario (aunque dudo que de haber alguien que albergase esa intención hubiese tenido hueco en el mismo).

Discos a la venta en la barra, chupitos recorriéndola de un lado a otro. Hasta aquí el paso de Stanich por Palencia, pido disculpas por las fotografías, soy nefasta, lo sé y lo admito.

Nos vemos en la carretera, y si tienen ocasión no se lo pierdan.