Difícil es convivir con la depresión y dejar reservado un espacio de la cama cada noche para la ansiedad. Sin embargo, más difícil es hablar abiertamente de ello cuando nadie quiere estar cerca de la tristeza y el rechazo se convierte en una constante. En una sociedad en la que prima la belleza, la alegría y los sentimientos camuflados con filtros de Instagram, nos topamos con extraños casos que deciden reconvertir la depresión en el vientre del que nacen trabajos artísticos explícitos y sin metáforas que confundan al espectador. Es el caso de Bryan, conocido artísticamente como Billy Manhattanque se posiciona como uno de los artistas folk con un futuro más prometedor.

Nunca había podido comprar alcohol sin la compañía de un adulto y ya luchaba contra sus monstruos internos por culpa de la depresión. Nunca pensó que el folk pudiera ser un estilo de música que gustase a su generación y llegó Ed Maverick y le sorprendió. Billy Manhattan, al margen más radical de la industria musical, sin nota de prensa y sin ni siquiera saber qué es, guarda en su historial tres discos publicados con apenas 18 años. Tres discos de composiciones dolorosas, crudas y trágicamente sinceras, que escuecen y duelen más al descubrir que Billy acaba de alcanzar su mayoría de edad.

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Tus canciones son pura melancolía. ¿Es el positivismo y la alegría una frontera que no quieres cruzar en tus canciones?

Creo que la música triste se aprecia más. A mí me gusta mucho la música lenta, me gusta la onda de melancolía, depresión y todo ese pedo, pero no me cierro. Si estoy feliz y escribo una rola feliz, pues ¡qué chingón! Pero en lo general si me gusta mucho la música más lenta, más triste.

Dromedarios Mágicos y Ed Maverick te animaron a hacer tus propias canciones al ver que si había un espacio para ti. Además, son claras referencias de tus canciones, pero ¿qué música más te influencia?

Cuando Ed Maverick empezó a hacer música fue cuando dije: «yo también tengo mis canciones escritas, ¿por qué no grabarlas y lanzarlas?». Ambos me influyeron cuando los topé, pero mi inspiración cabrona es Residente. Creo que el pedo de jugar tanto con los géneros es gracias a él. También me gusta bastante la música norteña.

Reconoces que no mostrabas tus canciones folk por miedo a que no fueran del gusto de la gente. Sin embargo, aunque no tengas ninguna visibilidad en medios ni en redes, tienes un número importante de reproducciones. ¿Cómo lo has conseguido?

Creo que la razón por la que he llegado a tanta raza es por unos canales de Youtube que suben canciones con la letra y me hicieron llegar a números muy altos. Gracias a ellos ya tenemos nuestra gentecita que nos escucha, pero nunca he tenido contacto con la tele, la radio, o algo así. Es muy orgánico todo.

Con el paso de los discos se ve una mejoría del sonido y de la calidad de grabación, con sonidos menos acústicos y más producidos. ¿Era la producción de tu último disco el que buscabas desde el principio y por fin has tenido recursos para hacerlo o en tus dos primeros discos querías ese sonido más de maqueta y rudo?

Desde que empecé nunca he sabido mucho de música y estoy muy pendejo para todo eso. Yo quería algo mucho más elaborado, pero no había recursos. Cuando empecé a trabajar con la gente que trabajo ahorita y que sobre todo tengo más recursos, lo pude hacer. Creo que este último disco es más lo que yo buscaba para mi proyecto. Los otros están chido y me gusta mucho tocar acústico, pero en cuestión de calidad de disco, para reproducir alguien que ande fumando mota y escuchando mis rolas, si quería algo mucho más elaborado. Quería que mi música fuera un viaje.

La depresión es un elemento fundamental e incluso un nexo de unión en todas tus composiciones. ¿Es tan fácil como pueda parecer crear canciones en un estado de absoluta vulnerabilidad y depresión?

Pienso que a mí se me da mucho eso de plasmar lo que siento en rolas. Entonces sí es fácil porque expreso lo que siento. Pienso que la depresión es el impulso correcto para escribir.

«Los que escribimos este tipo de música es nuestra forma de matarnos»

Nadie quiere estar cerca de la tristeza y sin embargo tú te has expuesto y hablado abiertamente, sin miedo a que te perjudicara en tus relaciones sociales. ¿Para ti la música ha sido un ansiolítico o, al contrario, ha afectado a tu depresión?

Pienso que todos nos vamos dañando a nuestra manera. Hay gente que se enamora muy cabrón y así le gusta matarse y hay gente que le gusta drogarse y es su forma de morir. Los que escribimos este tipo de música es nuestra forma de matarnos. Escribimos algo, lo plasmamos en un escenario y se lo damos a otras personas para que ellos no se sientan tan solos. Nosotros al escribir esas canciones nos sentimos solos. No hay nadie que esté ahí, más que la música que escuchamos. Por tanto, nosotros hacemos lo mismo para otra gente, para que ellos no se sientan solos. Tal y como otras veces René lo hizo para mí o Juan Gabriel, gente que a pesar de que nunca estás con ellos físicamente, hacen que no estés solo.

Cuentas que en una de tus canciones terminaste con la voz rota porque lloraste en la grabación… Sin duda, la interpretación que realizas es uno de los puntos más sorprendentes de todas tus canciones. ¿Qué importancia le das?

Ante mi punto de vista es súper interesante. Yo procuro, cuando canto lo que escribo, darle la misma interpretación que cuando lo escribí y lo sentía de esa manera. Cada vez que canto una de mis canciones recuerdo lo que sentí cuando la escribí para que mi interpretación sea lo más natural posible.

Pero si lo hicieras como porcentaje, ¿qué importancia darías a cada parte?

La letra es súper importante: 50 letra, 25 música y 25 interpretación. Yo soy muy de letra, más que de música.

Muestras en tus canciones las perspectivas más tóxicas y negativas de las relaciones, desde las posesiones y machismos de “Qué bonitos ojos”, la desesperación sadomasoquista de “Juntos a la chingada», hasta el dolor más absoluto de “Canción para describir lo que siento por ti desde que no estás”. ¿Por qué a veces nos cuesta tanto mostrar las partes positivas de las relaciones en las canciones?

Lo malo siempre va a resaltar más. Si tú piensas en tu pareja, ahora que no estás con ella, siempre lo primero que se viene a la mente es el porqué terminaron y las cosas que pasaron. Pienso que es mucho más fácil escribir sobre el dolor y el enojo, porque son sentimientos mucho más fáciles de recordar.

Y por último, ¿cómo estás viviendo este confinamiento? ¿Lo has utilizado para crear? ¿Ha afectado a tu depresión?

Sí he escrito y estamos trabajando en un siguiente disco. Pienso que el estar encerrado y estar tan solo afecta bastante: te acuerdas de cosas y extrañas a gente. El no tener con qué distraerte, a veces, es malo.

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