Tras tres años de espera, Ángel Stanich regresa con su segundo disco después del exitoso Camino Ácido que le ha mantenido en la carretera hasta el momento sin descanso alguno. La expectación era máxima después de publicar Siboney, un EP que sirvió de nexo entre ambos discos.

Antigua y Barbuda es la denominación de origen de este nuevo trabajo y también la del país insular de América, cuya bandera representó de manera floral con su imagen al frente. Unos detalles cuidadosamente estudiados al igual que parece haber registrado en el orden de los temas. Un orden en el que los puestos impares aparecen ocupados por los temas con mayor velocidad dejando los momentos relajados en los cortes pares.

Antigua y Barbuda continúa con unas letras imposibles de descifrar a la primera escucha y sin ellas delante. Sin embargo, si deja clara su posición “amorosa” frente al periodismo. Con diversas referencias a la que es su profesión, en lo que a estudios se refiere, no deja a esta en muy buen lugar con continuas críticas por su dudosa actividad. Por ello, Ángel sustituye la redacción de noticias por auténticas novelas sonoras como ocurre en sus nuevos once cortes.

El álbum comienza con “Escupe fuego”, una de las favoritas de la banda de este nuevo disco y una de las que ya habíamos escuchado en anteriores directos. Sin duda, una de sus mejores composiciones gracias a su entrada potente, a su pegadiza melodía y a la facilidad con la que entrará en nuestras futuras playlists. “Más se perdió en Cuba” se muestra con un traje totalmente diferente al que estábamos acostumbrado a vestir las canciones de Stanich. Un posible vals que evoluciona y recorre diversos senderos a lo largo de los más de cinco minutos.

“Mátame camión”, el single de este disco previamente estrenado, es sin temblar el hit del álbum y el cual competirá en los directos por coronarse como el tema más seguido junto a “Metralleta Joe”. Influencia innegable de León Benavente y con nuevo tirón de oreja a la prensa. Final épico. Canción épica.

“Galicia Calidade” recupera la “bajona” con una atmósfera sesentera que trae a la cabeza sin saber cómo a los Beatles. Tema peligrosamente relajante, el cual a muchos aburrirá, hasta que al rebasar el cuarto minuto te chocas con una inesperada revolución. Del EP Siboney se escapa “Un día épico” para colarse en este nuevo álbum y aumentar la calidad del mismo. “Casa Dios”, en el epicentro y como ocurre en las anteriores pares, se mantiene relajada sin aparentemente aportar nada novedoso ni destacable.

¿Percusiones electrónicas, trompetas o xilófonos? Con este posible mejunje de elementos, hasta entonces totalmente desconocidos en Stanich, llega “Hula hula”. Sus seguidores enloquecerán con esta canción tan fuera del mundo de Ángel hasta hoy. Un tema que no deja de sorprender hasta alcanzar en el minuto dos una vertiente electrónica que rondaba la cabeza durante los primeros minutos hasta convertirse en disco. La mayor rareza y acierto de su discográfica donde reúne sonidos de grupos como Nosoträsh, Hidrogenesse, Radio Futura o incluso la mítica banda de Olíver y Benji.

Acústica se desenvuelve “Camaradas”, en forma de nana y melodía perfecta para cunas. Perfecta para ello hasta que rompen unos estribillos inesperados y psicodélicos que despertarían todos los intentos por caer en el sueño. “Le Tour 95” no se anda por las ramas. Mira de frente y a los ojos, directa. Un viaje en línea recta y el trallazo más rápido del álbum. “Ríos Lobos” es uno de esos dramas en los que tan bien se desenvuelve como ya ocurrió con uno de sus mejores cortes “Miss Trueno`89” o “El Outsider”. Un tema que perfectamente podría haber aparecido en Camino Ácido y en el que reserva y regala la voz más sensible y delicada del álbum. Envuelto en oscuridad, “Cosecha” cierra Antigua y Barbuda. Una cosecha que recoge con su traje negro todos los frutos de los meses de trabajo.

Antigua y Barbuda se muestra como un notable trabajo, que no deja de sorprender ni de evolucionar en cada tema. Un disco en el que las canciones resisten atravesando cientos de senderos para llegar al mismo destino: el silencio final. A pesar de la originalidad del álbum, en el que mezcla diversos estilos y elementos, podría resultar complicado en directo debido a los temas tan largos, lentos y pesados en algunas partes que presenta. Además, su orden desconcertante que combina el rápido-lento, que dirían Novedades, puede llegar a perdernos por momentos por los cambios tan extremos que genera.

Sin adelantar acontecimientos con esta primera reproducción, las escuchas y el tiempo dirán si consigue alcanzar a su hermano mayor Camino Ácido. De momento disfrutaremos pulsando el replay, porque Antigua y Barbuda es un proceso en el que Stanich ha quitado a su bicicleta las dos ruedas traseras, lo que conlleva para un artista “novato” riesgo y evolución. Cualidades complejas de encontrar, pero sobradas en su arte y personalidad.