Se han escrito cientos de reseñas, análisis, opiniones y publicaciones un tanto bizarras acerca de 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna, el disco que lanzó a la fama a Love of Lesbian.

Pero nunca es suficiente, así que por eso he decidido hacer una especie de «trilogía confinada» para hablaros de las tres canciones que a mi parecer guardan más relación entre sí: «Allí donde solíamos gritar», «1999» y «2009. Voy a romper las ventanas».

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Realmente todas las canciones del disco están relacionadas, ya que, como muchos sabréis, 1999 es un disco conceptual en el que cada canción habla de una etapa distinta por la que se pasa en una relación de pareja. O por la que al menos Santi Balmes pasó durante aquella relación, que terminó en abril de ese año (de ahí el nombre). ¿Cuánto hay de verdad y cuánto hay de mentira? Según dijo el propio Balmes en esta entrevista, «hay mucha fantasía en él. 1999 es un disco de amor-ficción. Pero nadie me cree».

CANCIONES que hablen de amores y desamores hay muchas, pero la crudeza y la sencillez con la que lo hacen las canciones de 1999 es lo que les hace sobresalir

El hecho de que todo el mundo dude de esa afirmación realmente es algo muy positivo, porque justamente ahí es donde reside la habilidad de un artista. Si es cierto que una parte de lo que cuenta es pura ficción, ha conseguido hacer que nos lo creamos hasta la médula. Ficción o no, lo cierto que es las historias que dan vida a 1999 ya pertenecen más al público que al propio Santi Balmes.

Portada del disco. En ella aparecen Marina Francisco y Carlos Torres, los actores encargados de dar vida en los videoclips a los protagonistas de 1999. El diseño artístico del disco y los vídeos está de la mano de Lyona Ivanova.

«Allí donde solíamos gritar» es la encargada de prender la mecha del disco. Es la única canción junto a «2009. Voy a romper las ventanas» que está escrita desde la perspectiva de 2009, diez años después del fin de la relación. Son, por tanto, canciones gemelas que están hermanadas en el tiempo, pero a la vez son el yin y el yang: una abre el disco; la otra lo cierra. Una es la introducción que todo disco querría tener; la otra, el broche perfecto. Una es un auténtico single, un disparo certero a donde más duele que ataca a la primera escucha; la otra no va a salir nunca por la radio, pero el aguijón que te clava lleva más veneno (ya hablaremos de ella dentro de un par de días).

La introducción de «Allí donde solíamos gritar» (donde, por cierto, colabora Zahara haciendo los coros) es perfecta para cerrar los ojos y comenzar a sumergirte en la historia mientras la música suena. Y entonces entra la letra:

¿A que no sabes dónde he vuelto hoy?
Donde solíamos gritar.
Diez años antes de este ahora sin edad,
aún vive el monstruo y aún no hay paz.

Con tan solo cuatro líneas, Santi Balmes ya ha sido capaz de hacernos toda la presentación; no le hace falta más. Han pasado diez años, pero la herida sigue escociendo. De ahí ya deducimos que aquella relación debió marcar un antes y un después para él, y que va a tener muchas cosas para contarnos. Diez años no han sido suficientes para impedir que a veces (y solo a veces) necesite volver a aquel lugar en el que espantaba todos sus males. Quizás todo el mundo necesitemos un lugar donde poder gritar cuando lo necesitemos…

Y en los bancos que escribimos
medio a oscuras, sin pensar,
todos los versos de Heroes
con las faltas de un chaval,
aún están.

Todas las parejas tienen una canción que les marca para siempre. «Heroes» de David Bowie ha sido (y sigue siendo) la canción de mucha gente. Me da vértigo solo de pensar en el poder que tiene la música. ¿Os imagináis la cantidad de historias que puede haber detrás de esa sola canción? A mí siempre se me viene una a la cabeza…

Escena de la película «Las ventajas de ser un marginado» en la que suena Heroes.

Y aún hoy,
se escapa a mi control
problema y solución,
y es que el grito siempre acecha,
es la respuesta.

Y aún hoy
solo el grito y la ficción
consiguen apagar
las luces de mi negra alerta.

¡Diez años! Han pasado diez malditos años y aún no ha aprendido a controlar sus impulsos ni ha conseguido poner fin a sus problemas. Para intentar disuadirlos solo sabe recurrir al grito y a la ficción, la ficción de que aquellos años felices vuelvan y todo torne a ser como era antes. Pero eliminar esa idea por completo de la cabeza es imposible con un simple grito, porque ya sabéis: el grito siempre vuelve.

Tengo un cuchillo y es de plástico
donde solía haber metal,
y el libro extraño que te echó de párvulos,
sus hojas tuve que incendiar.

Darte cuenta de que has vivido mucho tiempo engañado creyendo que había metal donde solo había plástico no debe ser fácil. La pérdida de la ingenuidad conlleva aceptar cosas que nos negamos a aceptar, por eso a veces preferimos incendiarlo todo y refugiarnos de nuevo en el grito y en la ficción.

A los últimos dos versos nunca les había encontrado un sentido. Por más y más vueltas que le di, nunca llegué a una conclusión, así que decidí preguntarle al propio Santi Balmes por Twitter para ver si me contestaba. Para mi sorpresa, la respuesta no tardó ni dos minutos en llegar, y me dijo lo siguiente: «[El libro que te echó de párvulos es] el libro que te echó mentalmente de la infancia o la ingenuidad. En mi caso “Las flores del mal” de Baudelaire».

 

Y en los hierros que separan
la caída más brutal
siguen las dos iniciales
que escribimos con compás.
Ahí están…

¿Quién no ha visto alguna vez un puente en el que estén grabadas las iniciales de dos personas? Ahora que lo pienso, creo que la gran clave del éxito de 1999 es que es un disco que habla de situaciones que resultan muy comunes a cualquier persona, situaciones con las que todo el mundo puede empatizar en mayor o menor medida. Canciones que hablen de amores y desamores hay muchas, pero la crudeza y la sencillez con la que lo hacen las canciones de 1999 es lo que que les hace sobresalir por encima de lo demás.

a veces ES PREFERIBLE incendiarlo todo y refugiarnos de nuevo en el grito y en la ficción

Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me repetías que
te hundirá y me hundirá,
y solamente el grito nos servirá.
Decías «es fácil», y solías empezar.

Esta estrofa me encanta. Es uno de los momentos más intensos que se viven en directo cuando todo el público la canta haciendo suya la letra.

Un grito puede llegar a romper el cristal si tiene la frecuencia de vibración adecuada. Decir «soy grito y soy cristal, justo el punto medio» es decir: «dentro mí también está mi propia destrucción; mi vida es un constante equilibrio entre aquello que me hunde y lo que me mantiene a flote. Cualquier fluctuación puede hacer que me termine hundiendo, y como no me sueltes te vas a hundir tú conmigo».

Cuánto puede decir Santi Balmes con tan pocas palabras. Qué sencillo y qué tremendamente complicado a la vez. Comprimir la inestabilidad emocional en una sola frase: «soy grito y soy cristal».

Y es que el grito siempre vuelve
y con nosotros morirá,
frío y breve como un verso,
escrito en lengua animal.
¡Y siempre está!

Te hundirá y me hundirá
y solamente el grito nos servirá,
y ahora no es fácil,
tú solías empezar.

Vertical y transversal,
soy grito y soy cristal,
justo el punto medio,
el que tanto odiabas
cuando tú me provocabas aullar.

Quizás a fin de cuentas se trate de eso. Somos animales que necesitamos gritar de vez en cuando, es inevitable. El grito siempre vuelve y con nosotros morirá, así que la mejor opción probablemente sea dejarnos la vida en cada uno de esos gritos cuando lo necesitemos. Después, vendrá la paz.

Y ya está, ya hay paz,
oh, ya hay paz.

¿Por quién gritaba?
Lo sé y tú no
no preguntabas,
tú nunca, no.

(P.D.: aquí os dejo el maravilloso videoclip que dirigió Lyona Ivanova. Antes he dicho que «Heroes» es la banda sonora de muchas historias personales, pero tened cuidado porque «Allí donde solíamos gritar» ya ha pasado también al imaginario colectivo. Lo que os quiero advertir con todo esto es que no miréis los comentarios del vídeo en YouTube si no queréis acabar mal. Yo ya he avisado).

(P.D. 2: mañana continuaremos con el análisis de «1999» jejeje).

 

Entradas anteriores de Canciones Confinadas:

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