Tras una decepcionante quinta edición del Dcode, el festival madrileño pretendía remontar la partida de su año anterior. Recriminaciones por parte de los medios, asistentes y festivaleros le sirvieron para mejorar algunos puntos como la ausencia del público aglomerado, la mejora de los baños y la desaparición de sorpresas de última hora en el cartel. No obstante, volvimos a ver la imposibilidad de salir del recinto durante la jornada festivalera y una vez más sufrimos unos precios en las consumiciones y comida que de haber estado Pedro Sánchez hubiera dicho eso de “usted no es decente”.

No obstante, este año podría obtener el perdón generalizado del público por un precio de las entradas más que económicas. De los más de 70€ que costaban el año pasado las últimas entradas, este año apenas superaban los 40. Esta reducción casi del 50% de precio resultaba muy rentable, ya que actuaciones como la de Bunbury o Eagles of Death Metal superarían esta cifra con gran soltura. Además el del Dcode, fue el cartel que más apostó por las actuaciones femeninas de toda la temporada.

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Belako

Este año se propuso alargar hasta las 18 horas ininterrumpidas de música alcanzando casi las seis de la madrugada. Esto facilitaba no tener que hacer mucha espera para utilizar el transporte público, queja que se extendió en todos los asistentes en 2015. Aun así, varios autobuses también facilitaban el transporte de los dcoders a varios puntos de la ciudad.

Respecto a lo musical, Belako y León Benavente contagiaron con dos de los más sobresalientes directos nacionales a las múltiples familias que por allí quisieron pasearse. Cintia Lund, ganadora del concurso Dcode, saltó al escenario con gran personalidad ante un número muy reducido de público el cual no le impidió mostrar lo mejor de su talento.

León Benavente

Con algún retraso sufrido, fueron pasando actuaciones como las de Oh Wonder o Bear`s Den por los dos principales escenarios, los cuales durante las horas más tempranas de la tarde se hicieron insoportables debido a la anulación de la sombra y a la sobreexposición del calor.

Eagles Of Death Metal coincidieron con el horario de Carla Morrison. Los primeros, con un reducido setlist que extendieron hasta la hora de duración, compitieron con la mexicana para llevarse el aforo. Como era de esperar, la banda californiana superó con creces en público pero no en espectáculo, ya que el sonido de los rockeros fue más que deficiente para muchos espectadores. Por su parte, Morrison con unas «erizantes» interpretaciones hirió a varios asistentes con canciones como “Déjenme llorar”.

Cintia Lund

Llegaba Zara Larsson para incrementar la diversidad del cartel madrileño. El Dcode con esta actuación ampliaba sus fronteras hasta la radiofórmula, logrando un público más diverso y menos etiquetado. Sin embargo, esto no pareció un acierto en vistas de muchos asistentes que parecieron aburridos con un espectáculo que era más apropiado en el escenario de Eurovisión que en el de un festival como el Dcode.

Zara Larsson

Sí acertaron con Kodaline y Jungle, quienes no paraban de sacar alabanzas de la boca del público. Love of Lesbian fue el concierto más multitudinario junto al de Bunbury. En él repasaron su discografía y sobre todo se centraron en la poesía de Halley. Los barceloneses, a pesar de la matrícula de sus últimas letras, no parecen cuajar con un público que sigue aferrado a 1999. Magia se vivió cuando por primera vez compartieron micrófono Carla Morrison y Santi para recrear “Domingo astromántico”, tema que parecía olvidado en los últimos sets.

Love of LesbianTras los lesbianos, llegaba el concierto más sobresaliente y esperado. Bunbury alzaba el vuelo del Dcode con una actuación contundente, elegante y con temas de hoy y siempre. Héroes del Silencio tuvo su momento de gloria con canciones como “Maldito duende” o “Avalancha”. “Lady Blue” cerró el mejor concierto del festival y encandiló incluso a los menos afines a la música del maño.

Después de lo acontecido con la banda de Enrique cualquier momento podría saber a poco, pero Delorean y Triángulo de Amor Bizarro lucharon por no apagar a un público que acababa de alcanzar el éxtasis. Para finalizar la noche, Mark Ronson se posicionó como una de las principales sorpresas. Con un combinado de estilos mucho menos convencionales a los que estamos acostumbrados a disfrutar en los festivales, el productor cosechó la diversión de los últimos valientes que se animaron a cerrar el Dcode al ritmo más callejero.

Enrique Bunbury

Esta sexta edición se caracterizará por el importante bajón en la venta de entradas. Del sold out colgado el año pasado con 26 mil asistentes han pasado a este con poco más de 16 mil. Esta importante reducción tal vez se debiera al cartel más flojo de todas sus ediciones y a su decepcionante predecesora. El empeño de la organización por crear uno de los carteles más diversos del panorama pasó desapercibido y herido. Bunbury fue el gran acierto y el claro vencedor del evento. Las mejoras en muchos aspectos respecto a años anteriores como el precio de la entrada, los baños y la posibilidad de movimiento dentro del recinto también dieron puntos al evento. Aun así, no evitarán que la historia pase de esta edición, porque, pese a los esfuerzos, el Dcode 2016 caerá en el olvido más pronto que tarde.

Fotografías: Manuel Colomé

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